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Cuando un amigo se va…

 

Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.

Cuando un amigo se va,
queda un tizón encendido
que no se puede apagar
ni con las aguas de un río.

Cuando un amigo se va,
una estrella se ha perdido,
la que ilumina el lugar
donde hay un niño dormido.

Cuando un amigo se va
se detienen los caminos
y se empieza a rebelar,
el duende manso del vino.

Cuando un amigo se va
galopando su destino,
empieza el alma a vibrar
porque se llena de frío.

Cuando un amigo se va,
queda un terreno baldío
que quiere el tiempo llenar
con las piedras del hastío.

Cuando un amigo se va,
se queda un árbol caído
que ya no vuelve a brotar
porque el viento lo ha vencido.

Cuando un amigo se va,
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.

Letra: Alberto Cortez
Música: Alberto Cortez

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Mi Budapest

Budapest, Puente de las cadenas

Dice una canción de Sabina que al lugar donde uno ha sido feliz no debiera tratar de volver. Es la que se me viene a la mente cuando alguien me pregunta si he vuelto a Budapest. “No”, les digo con cierta nostalgia, “no me ha dado por volver…”. Y es así realmente. Para qué. Sé – por lo que me han contado amigos que sí han vuelto algún verano o por fotos y noticias de internet- que está rehecha, que brilla más que nunca, que es una ciudad nueva: aquélla que comenzaba a despuntar hace más de una década, cuando ya veíamos que la inyección capitalista empezaba a notarse en las reformas de los edificios, la restauración de las fachadas y también, cómo no, en la construcción de gigantes y lujosos centros comerciales por toda la ciudad o en los nuevos hábitos de los ciudadanos. Me la imagino inmensa y maravillosa, brillante y orgullosa. Grandiosa, como sólo una ciudad construida a imagen y semejanza de otra  imperial puede serlo;  cálida y acogedora, como nunca consiguió ser aquella Viena que le sirvió de espejo, aquélla que jamás pudo hacer feliz a una princesa que regresaba una y otra vez a la ciudad copiada, a la hermana pequeña, a su amada Budapest.

Y así, de esa manera, siento yo a mi amada Budapest, “Mi Budapest”. La mágica ciudad en la que se respiraban nostalgia y pasado, en la que casi podíamos  “ver en color sepia”. Aquélla cuyas calles recorríamos en las tardes oscuras de invierno, llenas de nieve, tapados hasta los ojos porque el frío nos calaba pero felices hasta la médula porque estábamos allí. Y también en los brillantes días de primavera, cuando las flores nos sorprendían en cualquier esquina, después de que el manto de nieve hubiese desaparecido y los húngaros saliesen finalmente del calor del hogar para respirar la nueva estación. Budapest: la que nos acogió como en casa y en la que vivimos historias para recordar una vida. Cómo olvidar los paseos nocturnos por mi querida calle Ostrom, en la subida de la entonces Moszkva Ter; cómo no acordarme de nuestras visitas a la iglesia, el Bastión de los Pescadores, el  Castillo o el Puente de las Cadenas, rodeados de luces doradas, con una familiaridad que sólo en nuestro país pudimos  imaginar. Y del viejo tranvía que recorría la emblemática Andrássy, la avenida de la ópera, como un precioso decorado; o del metro rojo, que hacía de submarino bajo el río al cruzar a la otra orilla…  Y todo eso cuando apenas pasábamos de los veinte años y era nuestra primera experiencia de larga duración en el extranjero: ¡cómo olvidar tanta magia!.

Y a qué volver ahora. Quiero recordarla con la imagen que de ella guardo en el corazón, que es la verdadera esencia que nos queda de todo y de todos. Así la llevo siempre conmigo, como una parte más de mi alma. Porque sé que allí estuve en otras ocasiones, quién sabe si en sueños o en vidas anteriores, si las hubiera… Y que allí debía retornar y vivir experiencias que sólo ella me tenía reservadas. “¿A qué volver, pues?”, he pensado tantas veces. Pero tal vez algún día decida reencontrarte. Quizá en el aire queden rastros de nuestras almas. Puede que incluso vea con más nitidez lo que entonces no pude o no supe ver. Porque la vida siempre da la oportunidad del reencuentro, y el que se hace con uno mismo es el más elevado objetivo del alma.

LZS, 07.14

MUJERES

Mujeres

Cuando una Mujer elije irse, se va.
Una Mujer que Ama, lo hace.
Cuando una Mujer decide hablar, Dice.
Cuando una Mujer considera seguir y probar,
sigue, prueba, insiste.
No sé de Mujeres que permanecen mucho tiempo dudando
Quiénes son, Qué quieren, Cuánto pueden, Dónde deben…
El Poder de La Muer es ELEGIR.
Una Mujer de Poder Sabe Sentir , Dice y Hace.
Mas allá de sus Padres, de sus Hombres, de sus Hijos…
Mas allá de la Cultura o el Gobierno de turno,
más allá de la Religión, de lo que aconseja la Ciencia
y de lo que le permite la Economía.

Para la Humanidad hay Héroes;
Las Mujeres Sabemos que hay Mujeres que Dan a Luz,
Alimentan, Crian y Educan Hombres de Bien.
Las Mujeres no tenemos Heroínas, tenemos Inspiradoras:
Mujeres que nos nutren con sus Frutos desinteresados;
que como árboles frondosos, de madera noble, ofrecen a La vida.
La Humanidad desprecia el trabajo silencioso;
silencia las Voces que arrullan, prefiere Discursos grandilocuentes.
La Humanidad invierte muy poco en tiempo,
en abrazos, en besos, en Niñas…
La Humanidad promueve modas, señala carencias;
la “envidia del pene”: La Falta…
indica normas y promulga leyes que pocas veces cumple
cuando Una Mujer las reclama para sí…
A La Humanidad la distraen las guerras, el fútbol;
la ciencia espacial, los moralistas religiosos,
los últimos modelos y los desfiles…
La Humanidad se rige por Mitos;
mitos mitómanos que les quedan chicos.

Cuando Una Mujer Sabe, comprende…
La Humanidad está aún en pañales
y es Ella Quien Cumple Su Propio Deseo.

LA MAGA

Nostalgia

Nostalgia

NOSTALGIA

Is the arriving waveform of a dynamic past, newly remembered and about to be re-imagined by a mind and a body at last ready to come to terms with what actually occurred. Nostalgia subverts the present by its overwhelming physical connection to a person or a place, to a time in which we lived or to a person with whom we lived, making us wonder, in the meeting of past and present, if the intervening years ever occurred. Nostalgia can feel like an indulgence, a sickness, an inundation by forces beyond us, but strangely, forces that have also lived with us and within us, all along.

Nostalgia is not indulgence. Nostalgia tells us we are in the presence of imminent revelation, about to break through the present structures held together by the way we have remembered: something we thought we understood but that we are now about to fully understand, something already lived but not fully lived, issuing not from our future but from something already experienced, something that was important, but something to which we did not grant importance enough, something now wanting to be lived again, at the depth to which it first invited us but which we originally refused. Nostalgia is not an immersion in the past, nostalgia is the first annunciation that the past as we knew it is coming to an end.

©2014 David Whyte

Excerpted from ‘NOSTALGIA’ From the upcoming book of essays CONSOLATIONS: The Solace, Nourishment and Underlying Meaning of Everyday Words.

Yo no quiero llamarme como me llamo

Yo no quiero llamarme como me llamo...

Yo no quiero llamarme
como me llamo…
Yo quiero que me llamen
fábrica, campo,
pueblo del sur, amigo,
sudor, trabajo,
camino de herradura,
jornal y Sancho.

Marisma, salinero,
candil de barco,
molino de La Mancha,
viento serrano,
pan áspero y moreno,
duelo y quebranto,
que no quiero llamarme
como me llamo.

Yo quiero que me llamen
buen hortelano,
palomar y colmena,
pozo y establo,
pescador de bajura,
cosecha y hato,
palmera de Levante,
mina y arado.
Como quieran,
llámenme como quieran,
propios y extraños,
pero no por mi nombre,
pero sí por mi canto,
por las cosas que siento,
por las cosas que amo,
que no quiero llamarme
como me llamo.

Yo quiero que me llamen,
perro sin amo,
tierra no redimida,
vino riojano,
herrero, campesino
de cal y canto
que no quiero llamarme
como me llamo.
Yo no quiero llamarme
como me llamo…
Yo no quiero llamarme
como me llamo…

 

Las cinco libertades

LIBRE

Las cinco libertades:

La libertad de ver y oír lo que hay,
en lugar de esperar lo que debería ser, lo que era, o lo que será.

La libertad de decir lo que siento y pienso,
en lugar de decir lo que pienso que debería decir.

La libertad de sentir lo que siento,
en lugar de sentir lo que creo que debería sentir.

La libertad de pedir lo que quiero,
en lugar de esperar el consentimiento ajeno.

La libertad de correr mis propios riesgos
en lugar de conformarme con la seguridad.

Virginia Satir

La invitación

Saber qué añoras

No me interesa saber a qué te dedicas,
quiero saber qué es lo que añoras, y si te atreves a soñar
o alcanzar lo que tu corazón más ansía.

No me interesa saber qué edad tienes,
quiero saber si te arriesgarás a parecer un loco por amor,
por tus sueños, por la aventura de estar vivo.

No me interesa saber qué planetas están cuadrando tu luna,
quiero saber si has tocado el centro de tu propia pena,
si has estado abierto a las traiciones de la vida
o te has vuelto marchito y cerrado por miedo a más dolor.

Quiero saber si te puedes sentar con dolor, tuyo o mío,
sin moverte para esconderlo, diluirlo o arreglarlo.
Quiero saber si puedes estar con alegría, tuya o mía,
y si puedes danzar libremente y dejar que el éxtasis te llene
hasta las punta de los dedos de tus manos y tus pies.

No me interesa si la historia que me estás contando es verdad,
quiero saber si puedes desilusionar a otros por ser sincero contigo mismo,
si puedes resistir la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma.

Quiero saber si puedes ser fiel y por lo tanto confiable.
Quiero saber si puedes ver la belleza hasta en los días feos,
y si puedes nutrir tu vida desde la presencia de Dios.
Quiero saber si puedes vivir con fallos, tuyos y míos,
y todavía pararte en la orilla del lago y gritar a la luna llena plateada… ¡Sí!

No me interesa saber dónde vives, ni cuánto dinero tienes.
Quiero saber si te puedes levantar después de una noche de pena y desesperación, y salir adelante.

No me interesa saber quién eres, ni por qué estás aquí.
Quiero saber si te puedes parar en el centro del fuego conmigo sin encogerte.

No me interesa dónde, qué, o con quién has estudiado.
Quiero saber si te sostienes desde adentro cuando todo se cae a tu alrededor.

Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo,
y si verdaderamente disfrutas la compañía que mantienes
en tus momentos de soledad…

 

KHALIL GIBRAN