Researching…

Archivo para noviembre, 2013

Me va la vida en ello

 

Cierto que huí de los fastos y los oropeles
y que jamás puse en venta ninguna quimera,
siempre evité ser un súbdito de los laureles
porque vivir era un vértigo y no una carrera.

Cierto que no prescindí de ningún laberinto
que amenazara con un callejón sin salida
ante otro “más de lo mismo” creí en lo distinto
porque vivir era búsqueda y no una guarida.

Cierto que cuando aprendí que la vida iba en serio
quise quemarla deprisa jugando con fuego
y me abrasé defendiendo mi propio criterio
porque vivir era más que unas reglas en juego.

Pero quiero que me digas, amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello…
Dímelo…
Me va la vida en ello.


Árboles protectores

Árboles

De los árboles todo sabemos
menos ¿Qué son los árboles?
Parecieran incapaces de moverse
fijados en la tierra.
Viajan sin retorno por el paisaje de la vida.
Junto a nosotros en alianzas amorosas

(o en incomprensibles odios torvos).

Presentes ellos allí en su locuaz silencio.
A la vera de la existencia siempre,
en medio de una realidad sin respuestas.


(Lubio Cardozo, poeta venezolano)


Para las culturas antiguas el árbol significaba la conexión entre la tierra y el cielo. Era el simbolismo de la verticalidad, de la vida en completa evolución. Sentían que cada hombre o mujer lleva en su interior un árbol, que los impulsa a crecer de la mejor manera. Oír a los árboles les permitía entender su destino y predecir el futuro. Los árboles eran a su vez los protectores de todo lo material y espiritual.


Verdaderos filtros naturales para eliminar el dióxido de carbono y contaminantes que existen en el aire.


En el presente, los árboles ocupan sólo el 6 por ciento de la superficie de la tierra,  y aun así  ellos permiten la vida de más de la mitad de las especies biológicas en el planeta. Cuando se tala un árbol, se va una vida y un protector de muchas especies. La existencia de los árboles es tan importante que no puede entenderse tanta indiferencia y crueldad de los humanos para con ellos.


¿Qué nos pasó? Que perdimos la capacidad de admirar y venerar a estos seres tan extraordinarios. A tal punto, que en nuestra cotidianidad un árbol no significa nada. No hay tiempo para observarlos, para disfrutar de su belleza. Simplemente, no hay nada para ellos. Ni minutos ni segundos para contemplarlos o para protegerlos. En nuestra cultura se borró la noción de su existencia, y con ello, nuestro principal arraigo con la naturaleza.

Alejandra Baldridge, “Mujer Árbol”


Atardeceres (Sunsets)


Intermezzo

Una caricia para el alma…