Researching…

Autoconciencia

La mayoría de las personas viven detrás de una máscara

“La educación provista por la sociedad obra en 2 direcciones a la vez: elimina toda tendencia disidente y, al mismo tiempo, inculca al individuo valores que lo obligan a superar y desechar los valores espontáneos. Así, la mayoría de los adultos viven hoy tras una máscara, la de la personalidad que el individuo procura presentar a otros y a sí mismo.

Toda aspiración o deseo espontáneo es objeto de una rigurosa crítica interna, no sea que revele la índole orgánica del individuo. Esas aspiraciones y deseos despiertan inquietud y remordimiento, y el individuo procura combatir el impulso de realizarlos. El único premio que torna soportable la vida a pesar de tales sacrificios es la satisfación derivada del reconocimiento, por la sociedad, del individuo que alcanza el éxito tal como lo entiende ella. Tan intensa es la necesidad de recibir apoyo constante de los propios congéneres, que la mayor parte de las personas parecen consagrar la principal parte de sus vidas a consolidar sus máscaras. Sólo la repetición del éxito puede estimular al individuo a persistir en la mascarada. Las acciones y el impulso que las origina -necesarios para mantener una máscara exenta de fallas y grietas, so pena de revelarse tal como él es- no se derivan de necesidad orgánica alguna. Como consecuencia, la satisfacción que obtiene de esas acciones, por más éxito que tengan, no es orgánica, no lo revitaliza; es una mera gratificación superficial, externa.

Muy lentamente, con los años, ese hombre llega a convencerse de que el reconocimiento de su éxito por la sociedad tiene que darle contentamiento orgánico; más aún, se convence de que se lo da. Con no poce frecuencia, tanto se ajusta el individuo a su máscara, tan completa es su identificación con ella, que ya no siente impulso orgánico alguno, ni satisfacciones de esa especie. Tal vez a raíz de ello descubra que en sus relaciones familiares y sexuales hay fallas y trastornos, y que quizá siempre los hubo, pero siempre se los pasó por alto en atención al éxito del individuo en la sociedad. Pues la verdad es que, en comparación con la brillante existencia de la máscara y con su valor social, la vida orgánica privada y la atención de necesidades urgentes de poderosos impulsos orgánicos no tienen casi importancia. La mayoría de las personas viven, detrás de sus máscaras, vidas lo bastante activas y satisfactorias como para que puedan sofocar, sin gran dolor, cualquier vacío que sientan al detenerse y escuchar qué les dice el corazón. […]”.

 

Moshe Feldenkrais, Autoconciencia por el movimiento. Paidós, 1985.


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